El Gran Dictador:del Gran Charlie Chaplin.



"Si yo hubiera tenido conocimiento de los horrores de los campos de concentración alemanes no hubiera podido rodar El Gran Dictador; no habría tomado a burla la demencia homicida de los nazis."En EL GRAN DICTADOR como en sus otras grandes películas, yo admiro en Charles Chaplin al actor, al guionista y al director excepcionales. Descubro en todas esas facetas una exquisita sobriedad e inteligencia. Saludo en su obra al gran artista creador, a uno de los grandes genios del Cine, al mago de la pantomima, al maestro de comicidad. Hay mucha reflexión y autoexigencia en su trabajo, es un perfeccionista. Le gusta escribir cine, dirigir y actuar. 

Inventar. Y eso se nota. Su hermoso trabajo aún hoy me divierte y emociona. Todo profesional que ejerce un oficio de arte, de la práctica de su trabajo va extrayendo unos postulados teóricos. Según sea el carácter de cada persona, serán más o menos conscientes. Normalmente, no resulta gratificante el esfuerzo de su exposición. A muchos les parece que eso es inútil empleo del tiempo, pues suponen, o sienten, que tales postulados teóricos son demasiado personales y cada cual irá conformando los suyos propios según su singular experiencia, gustos y formación intelectual. 
En definitiva, que tal parece que lo principal es hacer la obra y no disertar sobre sus coordenadas creativas. Pues tales postulados o principios son conclusiones experimentales que sirven - en el mejor de los casos - para fijar y alcanzar objetivos a cada cual, y nunca reglas o recetas aptas para general observancia. 

En el caso de Charles Chaplin hay que agradecerle que, siendo creador de primera magnitud por cantidad y calidad de su obra cinematográfica, haya dedicado horas de vida a confiarnos, por escrito, juicios sobre aspectos varios de su oficio, claves que orientaron su trabajo en el cine. Claves sencillas, precisas, a veces tajantes observaciones sobre gustos y directrices. Y así comprendemos que, si realizó su cine de determinada forma, fue porque tenía ideas propias sobre su arte y su oficio. 
Por ejemplo, en su trabajo como actor, le gustaban "la sutileza y la sobriedad". Valora cada gesto, ademán o movimiento. Hijo de actores, ya de niño aprendió a actuar en la dura escuela del teatro de vodevil y circo, en su Inglaterra natal. Muy dura escuela tuvo que ser aquella, en verdad. Fue a sus veinticinco años, siendo ya cómico experimentado, experto de la pantomima, cuando entró en el cine a través de los estudios de la compañía Keystone. 

Durante un año, llegó a trabajar en treinta y cinco películas cómicas con Mack Sennett. A finales de 1914, Chaplin ya era considerado como uno de los cómicos más populares. Observaba con atención de poeta el momento presente de la sociedad en que vivía, porque pensaba que "la comedia debe ser real como la vida misma": "No pretendo decir que disfruto viendo una obra de Shakespeare en un escenario. Mis gustos son demasiado contemporáneos. El teatro de Shakespeare exige un tipo de representación ostentoso, que no me agrada ni me interesa... La madre de Hamlet podría haberse acostado con todos los cortesanos y yo seguiría sintiendo indiferencia por el daño que había infligido a Hamlet". 

Para Chaplin, el "fundamento básico de un gran actor es que se agrada a sí mismo cuando representa".
En el actor superlativo ha de darse un perfecto equilibrio entre inteligencia y sensibilidad: "Ser todo intelecto sin nada de sensibilidad puede ser la característica del criminal consumado; y ser todo sensibilidad sin nada de intelecto es el ejemplo del idiota inofensivo".


Puede decirse que Charles Spencer Chaplin nació con el cine y creció con él, pues si primero lo conoció como arte de imagen trémula y muda, luego vió cómo se iba transformando en arte de imagen más serena y precisa, con música y palabra. En cada época del cine, descubrió para el cine el arte de hacer comedia con los medios que el cine iba adquiriendo momento a momento. Pertenece al primitivo grupo de inventores del cine como arte dramático. 

Chaplin fue actor excelso lo mismo tras la máscara del mísero vagabundo, como a cara descubierta (después de su HYNKEL-BARBERO vendrían MONSIEUR VERDOUX, el payaso CALVERO en CANDILEJAS...) Pero es en El GRAN DICTADOR donde primero abandona la figura de su clásico personaje Charlot, para darnos personajes con traza y vestuario diferente: obediente soldado de recluta en línea de fuego, perseguido barbero judío, listo, tierno y astuto; y estúpido dictador con manía de grandeza y poder. Y con todos ellos produce en nosotros sonrisa o risa espontánea, pues siempre los juega con todo su arte, con toda su sabiduría de cómico experto en cien comedias anteriores. 
En cada uno de esos momentos interpretativos, nos ofrece secuencias perfectas, de humor directo y ajustado ritmo: artillero temeroso de la gran bala que lo olfatea como lobo al acecho, barbero que rasura a su cliente al compás de la Danza húngara nº 5 de Brahms, o la privada y loca diversión del dictador que juega a solas con el globo terráqueo, en expresivo símbolo de su megalomanía, de su ansia por erigirse en emperador del mundo. Entre otras secuencias memorables, claro. 

En EL GRAN DICTADOR, Charlot-Carlitos se ha hecho adulto. Ya no viste ropas de vagabundo, como hemos apuntado. Se ha transformado en disciplinado soldado de recluta forzosa, primero, y después en honrado ciudadano que ejerce el oficio de barbero, pero con la mala ocurrencia de haber nacido judío en el país dominado por el dictador HYNKEL-HITLER, su otro disfraz. 

Pero Charlot no muere, únicamente se nos oculta. Porque Charlot, Carlitos, es el niño que Charles Chaplin siempre llevará dentro. Sucede sólo que los tiempos, en su constante fluir, traen guerras y depresiones económicas que cambian las imágenes sociales, las modas en el vestir, los valores morales, y el vagabundo de zapatones y bombín ya no puede deambular ocioso por calles ni caminos. Sería un personaje anacrónico. 
En El GRAN DICTADOR - como en todas sus grandes películas - Chaplin no sólo muestra su excelencia en el oficio de actor, sino también su maestría como director y guionista. 
El guión, de línea clara y sencilla en el trazo argumental, aparece constantemente salpicado de gags de máxima categoría , imprevistos giros-sorpresa no sólo en el comportamiento de los personajes humanos, sino incluso en el de objetos humanizados, que se nos muestran vivos, como la bala malintencionada del 
Gran Berta o el asustadizo micrófono. 

O las estatuas de la Gran Avenida Hynkel en el paso triunfal del dictador: a la Venus de Milo (Venus de Hoy) le ha crecido un brazo, uno solo, suficiente para alzarlo en saludo nazi. Y el Pensador de Rodin (El Pensador del Mañana) que, sin dejar su ensimismamiento, también alza uno de sus brazos marmóreos en el maldito saludo, por si acaso. 

Poco amigo de movimientos de cámara, con demasiada frecuencia delatores de la presencia de la máquina tomavistas, aquí el director CHAPLIN desafía ese peligro y nos hace entrar en su película con un largo travelling, de carácter casi documental, sobre batalla de trincheras en la Primera Gran Guerra; introducción con imágenes serias, graves, que de inmediato se transforman en sonrisa cuando vemos que nos conduce al pie de la Grosse Berta, el cañón descomunal de cuyos disparos se encarga un minúsculo artillero... tirando de una cuerdecita. El gran cañón , con sus 125 kilómetros de alcance de tiro, éstá destinado en la realidad a arrasar la ciudad francesa de Reims, pero en la ficción escupe su primera bala a unos cuantos metros y rompe la caseta de una letrina.Y la segunda bala se cae de la boca del cañón al suelo, cabreada y rencorosa, con ánimo asesino contra el artillero y sus oficiales... Un ridículo parto de los montes, burla de la bestial tecnología bélica de TOMANIA, la patria del soldadito. 
La sencillez y sobriedad que CHAPLIN busca en su actuación, también la quiere en la técnica de la imagen móvil :"Me sorprende oír a algunos críticos que la técnica de mi cámara está pasada de moda, que yo no he evolucionado al ritmo del tiempo. ¿De qué tiempo? Mi técnica es el resultado de pensar por mí mismo, de mi propia lógica y de mi propio estudio; no está influida por lo que hacen los demás. Si en arte uno debe ir con su época, entonces Rembrand sería un cero a la izquierda comparado con Van Gogh".

Otro genio creador del Cine, S. M. Eisenstein , ya en su momento calificó de sátira exterminadora EL GRAN DICTADOR, de triunfo de lo humano sobre lo inhumano. Y añadía, alzando el arte cinematográfico a la misma categoría que el literario: "Con esta obra, CHAPLIN se sitúa entre los grandes maestros de la eterna lucha de la Sátira contra la Tiniebla, al lado de Aristófanes de Atenas, de Erasmo de Rotterdam, de François Rabelais de Meudon, con Jonathan Swift de Dublín, con François Marie Arouet de Voltaire de Fernay.

¿Cómo surgió el proyecto? 
En 1938 Hitler ocupa Austria. Cuenta Chaplin que, por aquellas fechas, intentaba escribir un guión para Paulette Goddard y no conseguía avanzar en dicho trabajo. Se estaba preparando otra gran guerra y "¿Cómo podía sumirme en la volubilidad femenina o pensar en algo novelesco o en los problemas del amor cuando se estaba exacerbando la demencia de un ser monstruoso y grotesco llamado Adolfo HITLER?". 

La primer idea del asunto se la dio, según el mismo CHAPLIN confiesa, ALEXANDER KORDA:

" ...me sugirió en 1937 que debía hacer yo una historia de Hitler basada en una falsa identidad, ya que Hitler tenía el mismo bigote que Charlot. Yo podía representar los dos personajes, me indicó. Entonces no había pensado mucho en aquello; pero ahora era un tema, y yo estaba desesperado por volver a trabajar. ¡De repente vino a mí una inspiración! ¡Naturalmente! En mi papel de Hitler, podía yo arengar a las multitudes en una jerga de mi invención y hablar todo lo que quisiera. Y en mi otro papel de vagabundo, podía permanecer más o menos callado. Una parodia de Hitler era una ocasión para la burla y la pantomima. Con gran entusiasmo, volví apresuradamente a Hollywood y me puse a trabajar en el guión."


Había que reirse de Hitler: Ése era el tema de la película EL GRAN DICTADOR, su causa y finalidad. Chaplin situará la acción en un período. (HISTORIA DE MI VIDA. TAURUS EDICIONES, S.A. MADRID 1965) entre dos guerras, y entre gentes del palacio de un dictador y gentes de un ghetto. Y el marco dramático, obviamente, será la parodia dentro de la farsa, la sátira burlesca. Pues el punto de arranque venía dado por una sor- prendente coincidencia: en la Historia había aparecido un gran dictador
un Fürher germano que, a la hora de dejarse bigote, copió el bigote de Charlot... ¿Por qué? 

Observa A. Bazin que es muy posible que el dictador austriaco cometiera esta imprudencia bajo el efecto de influencias sociológicas inconscientes y sin ninguna segunda intención personal: "Pero cuando alguien se llama Adolfo Hitler es preciso que preste atención a sus cabellos y al propio bigote. 

La distracción no sirve de excusa ni en mitología ni en política. El ex-pintor de brocha gorda cometió entonces una de sus más graves faltas. Imitando a Charlot comenzó una estafa existencial que el otro no olvidó. Y algunos años más tarde tendría que pagarla cara. Por haberle robado su bigote, Hitler se entregó a Charlot atado de pies y manos. El pedacito de existencia que arrancó de los labios del pequeño judío le permitiría a éste reclamárselo con ventaja, vaciar por completo toda su biografía en provecho no exactamente de Charlot, sino de un ser intermedio, un ser hecho precisamente de pura nada". Porque Charlot crea a HYNKEL ...."¿Y qué es Hynkel, sino Hitler reducido a su esencia y privado de su existencia?".

La curiosa coincidencia estaba ahí para afrontar el hecho - las consecuencias- de que, ante el mundo, el cine cómico daba fe de que aquella ridícula mancha negra, aquel característico dibujo trapezoidal de barbería, era ya desde hacía tiempo marca internacionalmente patentada por CHARLOT-CARLITOS("Zapatos, bastón, bombín,/ un cepillo por bigote y /...¡ya está listo el monigote! ¡he aquí a CharlesChaplin)". Recuerdo haber leído tal metáfora el anverso del programa de mano de TIEMPOS MODERNOS, programas -prospectos- que repartían los jueves y domingos en el paseo provinciano y que yo de niño coleccionaba, como casi todos los niños de un entonces en que el CINE era el suceso maravilloso de nuestra vida. Recuerdo muy preciso de una infancia en la que Charlot, con el lenguaje universal de su pantomima, era el mago indiscutible de la risa, el personaje de las películas más divertidas). 

Sí, el bigote grotesco, el chafarrinón facial a cargo del maquillaje de Charlot - como rápidamente se percató A. Korda - era el primer y más fácil trazo en la caricatura de HYNKEL-HITLER. Pero el dictador real, el personaje histórico, tenía también otros puntos de exagerada expresión idóneos para la pantomima burlesca de un maestro como Chaplin: Desde el ridículo automatismo del saludo nazi, hasta el amenazador tono de su voz en los discursos, eléctricamente potenciados por la transmisión de altavoces y receptores de radio. 

Radios, altavoces... Sin aquellos medios técnicos de transmisión oral para sugestionar masas ¿habría sido posible el fenómeno Hitler? La imagen, en la película, resalta aquella circunstancia, y muestra a HITLER-HYNKEL, como orador en tribuna, como agitador de mitin, situado tras barrera de abundantes micrófonos. Y matiza la tal circunstancia con gag en el que uno de tales micrófonos se dobla hacia atrás, asustado ante la vociferante jerga del personaje, una jerga en la que lo único inteligible es el tono de feroz amenaza con que está gritada. Y jerga que se grita, obviamente, con música o acento de idioma alemán. Parodia genial de la furibunda gesticulación y tono del auténtico Fürher. 
"¿Con qué ojos mira Chaplin la vida?" se preguntaba Eisenstein. Y respondía, perspicaz : "Ve los acontecimientos más inusitados, más penosos y más trágicos, a través de los ojos de un niño que ríe"..."Con mirada de ojos infantiles, ingenuos y a la vez sabios". 

CHAPLIN, con su mirada infantil, ciertamente veía al Fürher germano como un ser monstruoso y grotesco. Y decidió trabajar sobre el aspecto grotesco de la persona real: Había que reírse de HITLER a través de la criatura HYNKEL. Para luchar contra el monstruo, cada cual debe usar sus mejores armas. La única de que dispone del gran cómico es la risa. Arma única, sí, pero realmente poderosa, porque hiere donde más duele al ego dictatorial: en su estúpida vanidad, en su vacío orgullo de creerse superhombre. Y CHAPLIN dispara su risa en defensa de quienes sufrían ya la presencia de los camisas pardas, gentes a las cuales, desgraciadamente, lo grotesco posiblemente se les aparecería velado por un terror pánico ante la presencia de lo monstruoso. Pues el miedo no deja ver el perfil de la fiera, sólo el peligro de sus fauces. 

Como en las otras grandes películas de Chaplin, también aquí, en esta magistral comedia, todo parece sencillo, leve, gracioso, original ("La sencillez es siempre lo mejor"). Pero fruto de largo y meticuloso trabajo es, como tiene por norma, la depurada línea narrativa de EL GRAN DICTADOR. Y su precisa y elegante puesta en escena, y la maestra ejecución de su ritmo dramático. Su total economía artística. Cada gesto, cada ocurrencia, cada matiz, es fruto de disciplinada selección. Cada cosa, cada personaje, está siempre en su sitio y en su justo momento. Equilibrio y serenidad en el desarrollo de la farsa, con lo cual se vuelve más contundente su propósito declarado: reirse de Hitler con HYNKEL, y de paso también de Mussolini con NAPALONI. Mostrar, mediante mirada infantil, ingenua y cruel, a dos dictadores contemporáneos convertidos en ridícula pareja de payasos políticos. 

Dos millones de dólares y dos años de trabajo dedicaría Chaplin a la realización de la película. Y por aquellas fechas no todos los aires soplaban a favor de un proyecto que hacía burla de lo nazi (y lo fascista, pero sobre todo de lo nazi). Pues aunque ya se advertía lo grotesco y amenazador del asunto, aún no se había manifestado totalmente lo monstruoso, la demencia homicida (la solución final) de aquel movimiento político. 

En USA también había simpatizantes, más o menos declarados, del dictador y su partido. De ahí que, mediado el rodaje de EL GRAN DICTADOR, Chaplin comenzó a recibir alarmantes avisos de la UNITED ARTISTS, como él mismo nos confiesa en sus Memorias. A través de la HAYS OFFICE le vaticinaban problemas con la censura. Pero el maestro de cómicos "estaba decidido a continuar, pues había que reirse de Hitler". 

Tras la ocupación de FRANCIA y con INGLATERRA luchando a la defensiva, los mensajes de UNITED ARTISTS cambiaron de sentido, y ahora le decían "dése prisa con su película, todo el mundo la está esperando.

La película se estrenó en 1940, en los teatros Astor y Capitol, de Nueva York. Y estuvo quince semanas en cartel. La Academia de Hollywood nominó EL GRAN DICTADOR como mejor película del año, y a CHAPLIN como mejor actor y mejor autor de guión original. En su papel de Napaloni-Mussolini, Jack Oakie fue nominado como mejor actor secundario. Y Meredith Wilson, por la música. 
En TIEMPOS MODERNOS, su anterior película (1936) ya existe el cine sonoro. Pero allí CHARLOT sigue siendo mudo. El sonido es música, y no palabra. Más en EL GRAN DICTADOR, CHAPLIN se decide, al fin, a dar la palabra a sus personajes. Y esta gran farsa no sólo tendrá ya diálogo sino que además, en su conclusión, el personaje protagonista se quitará la doble máscara de barbero judío y dictador nazi para que el autor, con su propia voz y desde la tribuna política, nos diga a nosotros, espectadores de la comedia, su pensamiento y sus buenos deseos como ciudadano del mundo. 

Ha transcurrido más de medio siglo desde que el humilde barbero judío, en uniforme de dictador, pronunció su discurso de final de película. Aquel discurso que comenzaba con palabras que todo hombre de bien aún puede suscribir hoy:

"Lo siento, pero no quiero ser emperador. No es lo mío. No quiero gobernar o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar a todo el mundo- si fuera posible- : a judíos, gentiles, negros, blancos. Todos nosotros queremos ayudarnos mutuamente. Los seres humanos son así. Queremos vivir para la felicidad y no para la miseria ajenas. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede proveer a todos." Amén. 
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